Si alguien vio “NOSFERATU” en cualquiera de sus dos versiones –la muda y la de Werner Herzog, de 1976- o disfrutó de la portentosa adaptación que hizo Francis Ford Coppola de la novela de Bram Stoker, en “DRÁCULA” , o que decir de mi favorita de vampiros del maestro del terror Stephen King “SALEMS LOT”, estara al igual que yo totalmente decepcionado de esta saga hecha para la generación YouTube que no sabe diferenciar cuándo hay calidad y cuándo se le está vendiendo gato por liebre. Porque este ‘revival’ de la saga de vampiros que pretende ser ‘CREPÚSCULO’ no alcanza ni por sospecha la intensidad que sí tuvieron otros exponentes del género, incluyendo esa exquisita versión que fue ‘ENTREVISTA CON EL VAMPIRO’.

‘Crepúsculo’ viene a ser como el equivalente de ‘Generación Perdida’, aquella interesante película de los años 80 que también en clave juvenil, trataba de acomodar las claves del cine de vampiros a la estética predominante de los adolescentes, esto es, un filme para público sobre los catorce años que con el pretexto de revivir el género de los vampiros, desarrolla una historia entretenida para dicho segmento –niñitas de entre 14 y 17 años, preferentemente- y que irrita a quienes aman las obras cumbres del terror y lo gótico, incluyendo las maravillosas historias de Drácula fabricadas por los estudios Hammer en los años 50.

En cuanto a la pelicula ‘Crepúsculo’ es su total desapego del sentido de las proporciones: asume que los espectadores conocen la saga literaria en la que se basa (lo cual es irrelevante) y que no importa para nada respetar los códigos vampíricos (eso de que jamás un vampiro puede exponerse al sol, por ejemplo). Porque acá lo que sí interesa a su directora, Catherine Hardwicke, es concentrar lugares comunes en un maravilloso paisaje que parece una constante fiesta para los sentidos: bosques ancestrales, naturaleza salvaje, cascadas y montes llenos de nubes en un pueblito donde jamás se divisa el sol.

La juventud que se muestra en el filme es, cómo no, muy de los 2000: desangrada, pesimista, hijos de padres separados, con una falta total de sentido del futuro que no sea el cómo y con quién ir a la fiesta de graduación.

‘Crepúsculo’ es, entonces, lo que se conoce como un ‘producto’, un filme hecho a la medida de los tiempos, un ejercicio impecable de filme juvenil, que refleja estupendamente al público que busca: consumidores de palomitas y bebidas gaseosas, que chillan en la sala y disfrutan con el galán de turno que, con un maquillaje bastante “X”, luce como si realmente estuviera saliendo de la cama y no de la cripta.

En resumen ‘Crepúsculo’ es una saga “Cursi”, que enseña cómo la clásica historia de amor puede ser explicada con el dinamismo y la fragmentación del estilo MTV. Claro que de vampiros hay muy poco, ni siquiera un mordisco decente que dé cuenta de un hecho harto descuidado de la leyenda de los vampiros: el morder la yugular de un mortal equivale al acto sexual más intenso, en esta saga se le teme a la sexualidad, tema que Ford Coppola se solazaba en reiterar en su ‘Drácula’.

Lo que en ‘Crepúsculo’ sobra es el lugar común y la reconstrucción de los tópicos que eran y serán siempre lo más fascinante del tema de los vampiros: la sangre como el alimento y el placer, el mordisco como el éxtasis y el acto del sometimiento extremo, el sexo confundido con el dolor. Eso ni se atisba en estas novelas rosa para adolescentes chillones por la cara pálida del actor de moda.